Cuando se produce una emergencia, como un incendio o una fuga de gas, hay que actuar lo más rápido posible. Para reducir los riesgos y tener previstas las medidas necesarias, hay que contar con un plan de autoprotección.
Ahora bien, no todas las empresas están obligadas a disponer de uno. Existen diferentes factores, como la actividad que desarrollan o las características del establecimiento, que determinan cuándo es necesario y cuándo no.
En este artículo, conocerás a fondo qué es un plan de autoprotección, cuándo es obligatorio y qué debe incluir. También veremos en qué se diferencia de un plan de emergencia, cómo se elabora y qué papel desempeña la protección pasiva contra incendios.
Un plan de autoprotección o PAU es el documento que organiza las medidas para prevenir y controlar los riesgos que puede haber en un establecimiento. Su principal objetivo es preparar a la organización para responder correctamente a una emergencia.
Para empezar, el plan describe las instalaciones y los medios de protección que hay disponibles. Después, establece cómo actuar ante distintos tipos de emergencia y determina quién debe asumir cada función. Por ejemplo, debemos saber quién da la alarma, cómo evacuar el edificio o qué medios tenemos para contener un incendio o una fuga.
Otros aspectos que se tienen en cuenta en el plan de autoprotección son la formación del personal y los simulacros. Cuanto más preparado esté el personal, más fácil será reaccionar ante una situación de riesgo.
Aunque los términos pueden parecer similares, un plan de emergencia y un plan de autoprotección no son exactamente lo mismo. El plan de emergencia se centra en organizar cómo actuar frente a una situación de riesgo: quién interviene, cómo se comunica la alarma, cómo se evacúa el edificio y cómo se solicita ayuda al exterior.
En cambio, el plan de autoprotección va más allá. No solo define cómo actuar, sino también cómo prevenir y prepararse ante posibles riesgos. Para ello, analiza las amenazas y los medios de protección disponibles. Además, incluye la formación del personal, la realización de simulacros y la coordinación con los servicios de emergencia.
Esta diferencia es importante: que una empresa no necesite un plan de autoprotección no significa que pueda prescindir de las medidas de emergencia. El artículo 20 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales establece que el empresario, teniendo en cuenta el tamaño y la actividad de la empresa, debe analizar las posibles situaciones de emergencia y adoptar las medidas necesarias.
Un plan puede tener una evacuación perfectamente organizada, pero también necesita que el edificio responda durante un incendio. Aquí entra en juego la protección pasiva contra incendios.
A diferencia de sistemas activos como los extintores, los rociadores o los detectores, la protección pasiva está integrada en el propio edificio. Su función es limitar la propagación del fuego y del humo y ayudar a que la evacuación sea segura.
Por eso, estas medidas están directamente relacionadas con el plan de autoprotección. Si alguna de ellas falla durante un incendio, puede ser más difícil evacuar el edificio de forma segura.
La obligación de contar con un plan de autoprotección depende de varios factores, como el tipo de actividad, las características del establecimiento, el nivel de riesgo y la normativa aplicable.
Por ejemplo, dos empresas con un número similar de trabajadores pueden tener obligaciones diferentes. Una oficina convencional y una instalación industrial con una elevada carga de fuego, es decir, con más materiales capaces de alimentar un incendio, no presentan el mismo riesgo, ni están sometidas a los mismos requisitos.
Para saber si una empresa necesita un PAU, hay que analizar los siguientes criterios.
El aforo, la altura de evacuación y la carga de fuego pueden determinar si un plan de autoprotección es obligatorio.
Para determinadas actividades comerciales, administrativas o de servicios, la Norma Básica de Autoprotección establece una altura de evacuación igual o superior a 28 metros o una ocupación igual o superior a 2.000 personas. En cambio, en instalaciones industriales y de almacenamiento se tienen en cuenta otros factores, como los materiales combustibles o la cantidad de sustancias peligrosas.
No disponer de un plan de autoprotección puede dar lugar a sanciones administrativas. También puede haber sanciones si el plan no se implanta correctamente o no se actualiza cuando es necesario. La cuantía dependerá de la gravedad del incumplimiento y de la normativa aplicable.
Una vez identificados los riesgos y las funciones de cada persona, el plan debe concretar los procedimientos que se seguirán durante una emergencia. Entre ellos se encuentran la comunicación de la alarma, la intervención de los equipos responsables y las pautas para evacuar o confinar a los ocupantes.
También deben quedar definidas las rutas de salida, los puntos de reunión y otros aspectos necesarios para organizar la evacuación. Todo ello permite que el personal tenga claras sus funciones y que la respuesta sea rápida y coordinada.
Un plan de autoprotección necesita que las medidas de seguridad del edificio funcionen correctamente. La protección pasiva es una parte fundamental de esta preparación.
| Medida de protección pasiva | ¿Para qué sirve? |
| Sectorización de incendios | Limita la propagación del fuego y el humo entre distintas zonas del edificio. |
| Sellado de pasos de instalaciones | Evita que los huecos de cables, tuberías o conductos faciliten el paso del fuego y el humo. |
| Protección de estructuras | Ayuda a mantener la resistencia de los elementos estructurales durante un incendio. |
| Puertas cortafuegos | Contribuyen a contener el incendio y proteger las vías y zonas previstas para la evacuación. |
Estas medidas deben estar correctamente instaladas y mantenerse en buen estado para cumplir su función cuando se produzca un incendio.
El primer paso para elaborar un plan de autoprotección es identificar los requisitos que debe cumplir la actividad y el establecimiento. También hay que tener en cuenta las particularidades del sector y de la comunidad autónoma donde se desarrolla la actividad.
Si existen dudas sobre qué requisitos deben cumplirse, lo más recomendable es consultar con un técnico especializado, que podrá determinar si el plan es obligatorio y qué condiciones debe reunir.
Cuando la normativa lo exija, el plan deberá ser elaborado por un técnico competente, es decir, un profesional con la cualificación necesaria, y registrado ante la administración. Una vez implantado, el PAU debe mantenerse actualizado para adaptarse a posibles cambios en las instalaciones, la actividad o los riesgos existentes.
Y recuerda: un buen plan de autoprotección necesita unas medidas de protección contra incendios que funcionen cuando realmente se necesitan. En Servypro somos especialistas en protección pasiva contra incendios. Contacta con nuestro equipo y te ayudaremos a mejorar la seguridad de tus instalaciones.
